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SILENCIADO

EL SILENCIO LUMÍNICO ENTRE LAS PALABRAS

Roland Barthes en un seminario de los años ´60, nos recordaba que el lenguaje es coercitivo en la medida que nos obliga a decir algo, a fuerza de cubrir y administrar los silencios. Esto quiere decir que  cada idioma consiste en la organización interesada, y por lo tanto los silencios se diseñan y manipulan entre las palabras que lo disimulan y muchas veces ocultan. Es decir, no sólo decimos lo que decimos, sino que ocultamos los vacíos entre las palabras puesto que hay cosas que no podemos decir ya que no tenemos palabras para ello. Las palabras entonces nos obligan a callar.

 

La reconstrucción de la memoria histórica en Chile supone el esfuerzo de una sociedad que intenta recuperar el tiempo ya convertido en fragmentos dolorosos y a la vez, esperanzadores, que aunque se unan, siempre dejarán un vacío imposible de significar. El espacio entre los fragmentos es la oportunidad para que el arte imagine o dé imagen a la ausencia. En el caso de la artista visual, Renata Espinoza, vemos que su investigación viene dada por esta necesidad paradójica de revelar y ocultar a la vez. Los que se muestra, llega tarde, pues se trata de vacíos convertidos en recortes de superficies, que a juzgar por los títulos de las obras o de las series, nos quieren decir algo…pero a cambio, sólo nuestra mirada queda vagando entre la superficie y la oquedad geométrica de un texto ausente: “En cada trabajo realizado he intentado ir develando un grado más de información, pretendiendo llegar en algún momento a su develación completa para ser leíble y legible. Una similitud con cómo me he ido enterando de la historia, con algunas piezas ir construyendo el rompecabezas, hasta que esté completo. Por ejemplo en las mesas rojas, no existe la información alguna de los documentos sino el  contexto a partir del audio que relata mi papá.”

 

Los títulos señalan contenidos fundamentales para comprender el proceso de resistencia, información y formación política clandestina en el Chile de la dictadura. Era la forma en que algunos chilenos intentaban recuperar el país, a riesgo de ser sorprendidos y perder la vida. Era la forma de superar la adversidad del aparato represivo y militar, a través de mecanismos de lucha para militar. Los films, microfilms, cartas, documentos escritos en fichas diminutas y las fotografías circulaban en diversos formatos y lugares. Hombres y mujeres intentaban levantar la esperanza del cambio que había sepultado la ratificación de Pinochet a través de la constitución y plebiscito del 80.

 

Las series y títulos de las obras establecen una promesa de información, que luego es imposible de obtener, pues el desarrollo de los distintos dossiers políticos está ocultada, negada, tachada, alterada, fragmentada, descontextualizada. El mismo ejercicio de descontextualización, el corte, es lo que le pasó a los documentos que ingresaron desde la clandestinidad puesto que no llegaron a destino, llegaron tarde, desfasados. Renata Espinoza señala al respecto: “En el minuto en que ingresan los documentos se dan cuenta que la situación política había cambiado, ya habían protestas nacionales en contra la dictadura. El curso de formación había entrado tarde y ahora era tiempo de ver cuál era la posición que tomarían, tanto el partido como sus integrantes, para derrocar la dictadura. El partido da la orden de no llevar a cabo el curso: los negativos se guardaron en una carpeta azul en el closet.”

 

La ruta de los documentos que Renata intenta desclasificar y ocultar a la vez, describen el itinerario del exilio (interior y exterior) que padecieron muchos chilenos durante la dictadura militar. Ese efecto de reconstrucción y relectura al que los textos son sometidos, es por analogía la forma de organizar los distintos sistemas ópticos y dispositivos visuales como microfilms, audios y documentos. En este caso, la visualidad de los espectadores está sostenida por la esperanza de establecer a través de cada serie de trabajos una lectura legible en medio de palabras sueltas, contraluces y tachas.  La paradoja de lo que se puede mirar, pero no se puede leer explica en parte la superación de lo disciplinar. Se trata de una investigación que supera el campo del arte, y se orienta hacia la lingüística, la sociología, la historia o la política, y por extensión interpela de manera ampliada y silenciosa a la historia de un país: “La verdad es que no hago trabajos pensando si son para gente del mundo del arte o para la comunidad, sino más bien intento realizar un trabajo tenga distintas capas de entrada, dependiendo de las herramientas, ganas e interés del visitante que irá leyendo el trabajo. Lo que si intento hacer es que el resultado visual genere alguna inquietud- investigación.”

 

El arte es una forma de dar imagen a lo inexplicable, de cubrir el espacio que hay entre las personas, y por lo tanto, es puente y en algunos casos, vía de salvación y escape entre las soledades. Los archivos y microfilms trasportados en las más diversas formas eran precisamente, formas de comunicación entre personas desesperadas, y los textos señalaban la forma de la esperanza. Ese vacío comunicacional que se produjo entre los mensajes y los lectores en su tiempo, es la analogía desde la que Renata Espinoza realiza su obra: “Creo que ese vacío se da porque aún es un trabajo en proceso, es un trabajo que a partir de la develación paulatina de la información va llenando aquel vacío y acortando la distancia entre las personas para que en algún momento se logre la comunicación.”

 

El ejercicio de ocultar y revelar de Renata Espinoza es una gran carga simbólica que ha ido acarreando durante estos últimos años. La operación de revelamiento y ocultación es la insistencia militante de regresarnos material y literalmente, una y otra vez, a los silencios entre las palabras de un período aparentemente imposible de reconstruir y comprender. No obstante el carácter de microhistoria familiar en el que se revelan estos específicos silencios entre las palabras de una épica de resistencia, también surge la dimensión universal de la memoria histórica de cualquier país, nación o colectivo que ve impedida su propia autodeterminación, y por lo tanto, que habilita el uso libre de su propio léxico para nombrar la esperanza y el cambio.

 

Se llega tarde a las palabras, pero se llega a tiempo en la medida que, día a día, se reactivan los silencios y revientan lumínicamente las historias ocultas por más de cuarenta años, a través de las investigaciones judiciales en Chile, de las declaraciones oficiales o extrajudiciales, como páginas en blanco que se van escribiendo dolorosamente, que se van superponiendo como un palimpsesto, como la irrupción simultánea de las bocas enmudecidas que rompen el “pacto de silencio” cívico-militar y que nos revelan que la historia no nos ha pertenecido. El vacío de luz que nos ciega, es la multitud de palabras que se nos agolpan en la mirada en forma de vacío o de lleno, describiendo el mismo camino por el que podemos encontrar la ilación de un texto que aun espera llegar a su lector-espectador.

 

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de Renata Espinoza Roa

Desde 5 de noviembre al 5 de diciembre

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