EL GESTO QUE HABITO

Exposición de un Nómade en la Escultura

Del Artista Jean Petitpas

Inauguración este sábado 14 de Diciembre a las 19:30 am.

hasta el 11 de enero de 2020.
 

“Me gusta el arte de hoy porque me gusta la luz sobre las cosas  como a todos los hombres, inventores del fuego “                                                                              Guillaume Apollinaire

La relación con Jean Petitpas ha estado poblada de una serie de intentos fallidos de trabajar en un proyecto común, quedando como remanente único y valioso, como fondo del paisaje humano, el intento mismo con su sombra adherida e inseparable de la amistad, que no es poca cosa. Este escrito lo es por lo tanto desde una proximidad sin complicidad.  


El talante errante de su espíritu nómada se nutre o alimenta de su permanente inquietud.  Su ser movedizo lo lleva de un lugar a otro, cargando su hacer como escultor o mejor, impulsado por su afán creativo que requiere siempre de una cierta incomodidad. Petitpas es un escultor de la intemperie. La intemperie entendida como radicalidad frente al oficio. 

La primera Exposición que visité se instaló en calle Compañía, la cual albergada en un palacio a medio construir o a medio destruir, revelaba un modo de estar confortable en medio de una cierta incomodidad, un cierto desapego por lo terminado y cerrado. Un estado intermedio, en tránsito entre lo cierto y lo incierto como una expresión de lo que toda obra tiene: un no saber sabiendo.  Toda obra es una deriva de lo conocido a lo desconocido, un estado de alerta, que permite buscar lo desconocido, para salir “de lo que se sabe hacer, porque lo que se sabe hacer ya está hecho” en palabras de Chillida.  


La incertidumbre es un estar inquieto acerca de lo que hay que hacer. Saber cuando la obra está encaminada y cuando está terminada. Que nuevo espacio creativo se abre y como recorrerlo. Así como en el dibujo son importantes los trazos que están en el papel y también los que no están, en la obra escultórica esto es también válido. Qué decir y que callar.  


La Abstracción es el ámbito espiritual en el cual se desenvuelve la obra creativa de Petitpas, que puede tener múltiples vertientes.  Por una parte, el espacio formativo de la Escuela de Valparaíso, ámbito en el cual se forma plástica y espiritualmente Jean con aperturas al Arte Concreto. Hay que reafirmar que la Escuela tiene como parte fundamental de su andamiaje formativo la abstracción, camino que se abre desde sus primeros días en los ya lejanos días de la mitad del siglo XX.  


El acto creativo en “el espacio puro de la escultura” que nombraba Fabio Cruz, es un ámbito de libertad sin restricciones, si esto fuera posible, que es presencia y no representación de nada que no sea su propio ser escultórico. No sólo dibuja el mundo, sino que lo reinterpreta completando la creación heredada.  


Por otra parte, está la libre elección y el tácito acuerdo en que la Abstracción hace posible el desenvolvimiento de la potencia creativa sin nostalgia por la figura de mundo ya consolidada, y abierta a un nuevo espacio campo de exploración por medio de los instrumentos de precisión con que trabaja el escultor. Permite dibujar un nuevo mundo que desde lo individual se entrega a los demás en algo que Subirats denomina “el deber civilizatorio del arte”. 

El arte en la Abstracción es un quehacer propositivo que rechaza o se distancia de cualquier compromiso con lo políticamente correcto y busca el alfabeto, las palabras y las oraciones que serán fundamento y manifiesto de su talante creativo, buscando reposar en la paz creativa de lo que hay que hacer que es lo opuesto de la modorra en la comodidad anoréxica de lo domesticado. Elegir la abstracción es también elegir la incomodidad, la renuncia que señala Apellinare a “todos los medios de agradar utilizados por los grandes artistas de tiempos pasados “.  


Otro momento: La Exposición en la Cripta de Sacramentinos, en los fundamentos y espesor del suelo de Santiago, fue un tiempo propicio para tratar de hacer que la obra sea un recipiente de luz, llevando la luz gastada hasta las formas suspendidas en la penumbra haciendo que en ellas repose y anime la presencia en reflejo de la más delicada de las materias sobre los materiales que construyen las obras, en ese caso bronce y cedro. 

El arte en la Abstracción es un quehacer propositivo que rechaza o se distancia de cualquier compromiso con lo políticamente correcto y busca el alfabeto, las palabras y las oraciones que serán fundamento y manifiesto de su talante creativo, buscando reposar en la paz creativa de lo que hay que hacer que es lo opuesto de la modorra en la comodidad anoréxica de lo domesticado. Elegir la abstracción es también elegir la incomodidad, la renuncia que señala Apellinare a “todos los medios de agradar utilizados por los grandes artistas de tiempos pasados “.  


Otro momento: La Exposición en la Cripta de Sacramentinos, en los fundamentos y espesor del suelo de Santiago, fue un tiempo propicio para tratar de hacer que la obra sea un recipiente de luz, llevando la luz gastada hasta las formas suspendidas en la penumbra haciendo que en ellas repose y anime la presencia en reflejo de la más delicada de las materias sobre los materiales que construyen las obras, en ese caso bronce y cedro. 

Las obras de Petitpas son actos de la mano. La dificultad, y también la alegría del arte es traer a presencia lo no visto, algo secreto que está dentro de la materia y de las manos que es de orden metafísico, está más allá de la física, pero dentro del dominio humano.  


La acción mano, así como la actividad poética, es un acto revelador, de desocultamiento que significa traer a presencia algo no visto, desconocido para todos comenzando por el mismo artista, lo cual requiere entrar en ese misterio – el misterio es algo superior a la verdad - como señaló el poeta Maquieira – por medio de la sensibilidad, nuestra única linterna. Esta sensibilidad profunda es un don peligroso porque obliga a entrar a fondo en la alegría y el dolor. Ver lo oculto es privilegio de un saber ver, que se nutre por medio de la dedicación, persistencia, con talento no burocrático es decir con amor y odio. La huella humana es muy necesaria porque constituye un acto de resistencia ante los peligros del facilismo tecnológico y el distanciamiento del autor y obra. Algo de las manos queda en la obra, impregnando del propio ser el hacer.  


La obra escultórica de Petitpas conforma un conjunto de elementos emparentados por un mismo aire: la serie.  La serie  tiene amplio prestigio en el campo de la creación , porque permite abordar desde múltiples posiciones las posibilidades que abre una obra y que no se agota en el ejemplar único - Monet en Rouen -.Todo puede ser visto por primera vez , ese es el regocijo del hacer en el arte , se asiste al nacimiento de un nuevo ser , que hay que nombrar y ponerlo delante de Adán como en el Paraíso Perdido de Milton , para que dándole nombre el  hombre lo establezca y posicione dentro del mundo y tenga un dominio amable sobre ello. También una nueva mirada permite entrar en el secreto de lo visto, lo escurridizo, que se entrega en nuevas aproximaciones que la enriquecen sin devaluarla porque el hombre en tanto ser único e irrepetible, transmite su individualidad a su obra como regalo de su ser contenido en la materia. La obra resiste muchas miradas. Un reposo lento sobre las creaciones en estos tiempos de velocidad en que lo importante se nos escurre entre los dedos de las urgencias.  


Por último, en tiempos de crisis, en que todo tiembla, el oficio es un refugio de resistencia, trinchera creativa y también vanguardia como lo señalaban los modernos. Todo puede temblar menos el oficio, por ello es bueno decir parafraseando a Huidobro:” pero tú Escultura no me has abandonado ni un solo instante”.  

Jean Petitpas, Temuco, 1979. Escultor y arquitecto chileno.

Desde el año 2017 ensaya con sus esculturas la relación entre la masa y el espacio. Su trabajo, principalmente en madera o metal, se constituye desde la suma de secciones discretas, que, al contrario de los cuerpos macizos, logran incorporar tensión y vacío como elementos gravitantes en la obra.   


Para Petitpas la escultura es un lugar que se funda en el interior del ser, y que, ya cobrada existencia, aloja a eso que de nosotros mismos vamos descubriendo.  Por lo que habitar es accionarse por el espacio, va más allá que residir, es reconocer que el lugar también acontece a través de mi y se constituye en lenguaje, en saludo, en gesto.  


El hombre por tanto está permanentemente irrumpiendo en el, mediante leves o no tan leves transgresiones. Su naturaleza es, desde los tiempos en que solo había paisaje, relacionarse con el intervenirlo, medirse con él, elogiarlo.  


Bronce, cobre, aluminio y madera son los protagonistas en esta ocasión. La muestra está conformada por 21 piezas de diversos tamaños.  


Los esperamos en la inauguración este jueves 14 de diciembre a las 19:30 hrs.   
La muestra podra visitarse hasta el 11 de enero de 2020.

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